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Discurso del KKE en la Conferencia Teórica Internacional de Partidos Comunistas y Obreros “100 años de la Gran Revolución Socialista de Octubre, las enseñanzas y las tareas para los comunistas hoy”

Una Conferencia Internacional se celebró entre 11 y 13 de agosto en Leningrado organizada por el Partido Comunista Obrero de Rusia (PCOR) bajo el lema: “100 años de la Gran Revolución Socialista de Octubre. Las enseñanzas y las tareas para los comunistas hoy

 

El Partido Comunista de Grecia (KKE) fue representado por Giorgos Marinos, miembro del BP del CC y Eliseos Vagenas, miembro del CC y Responsable de la Sección de Relaciones Internacionales del CC de KKE.

 

A continuación publicamos el discurso del KKE.

 

           

Discurso del KKE en la Conferencia Teórica Internacional de Partidos Comunistas y Obreros “100 años de la Gran Revolución Socialista de Octubre, las enseñanzas y las tareas para los comunistas hoy” (Leningrado 11-13/8/2017)

 

Estimados camaradas:

En nombre del Comité Central del KKE agradecemos el PCOR por esta iniciativa y la celebración de la Conferencia de hoy.

El Comité Central del KKE rinde honor al centenario de la Gran Revolución Socialista de Octubre. Rinde honor al acontecimiento transcendental del siglo XX que demostró que el capitalismo no es invencible, que  podemos construir una sociedad con organización superior, sin explotación del hombre por el hombre.  

La Revolución de Octubre ha demostrado la fuerza de la lucha de clases revolucionaria, la fuerza de los explotados y de los oprimidos, cuando pasan enérgicamente a primer plano y giran la rueda de la Historia hacia delante, hacia la dirección de la liberación social. La clase obrera rusa a través de la Revolución de Octubre materializó el ideal de millones de personas, de las masas obreras y populares por una vida mejor.

La Revolución de Octubre demostró la validez del pensamiento leninista de que la victoria del socialismo es posible en un país o en un grupo de países, como consecuencia del desarrollo desigual del capitalismo.

Al mismo tiempo, la Revolución de Octubre destacó el papel irreemplazable de la vanguardia política revolucionaria, del Partido Comunista, como dirigente no sólo de la revolución socialista, sino además de toda la lucha por la formación, el fortalecimiento, la victoria final de la nueva sociedad comunista.

La contribución de Lenin y la experiencia de los bolcheviques en la lucha contra el oportunismo (como vehículo de la ideología y de la política burguesa) tiene gran y decisiva importancia política y practica.

En la práctica se demostró que la confrontación bien documentada contra los economistas, los mencheviques y los eseristas fue el elemento principal para la formación de las condiciones para la formación del partido revolucionario, del partido de nuevo tipo, fomentado sobre los principios leninistas.

El esfuerzo sistemático para limpiar el partido bolchevique del oportunismo, fortaleció a las fuerzas revolucionarias y (dentro de dos años a partir del II Congreso en 1903) permitió al partido prepararse y desempeñar un papel decisivo en la revolución de 1905 y en los años de la reacción que siguieron, ajustando la línea revolucionaria en las nuevas condiciones.  

“El estallido de la insurrección fue reprimido una vez más. Exclamaremos entonces, ¡Viva la insurrección!”, escribió Lenin en septiembre de 1905 respecto a la insurrección de Moscú y a continuación, en 1906, destacó que “así, pues, nada podía ser menos perspicaz que la opinión de Plejánov, que hacen suya todos los oportunistas, de que la huelga era inoportuna y no debía haberse iniciado, que ʻno se debió empuñar las armasʼ. Por el contrario, se debió empuñarlas más decididamente, con mayor energía y combatividad; se debió explicar a las masas que era imposible limitarse a una huelga pacífica y que una lucha armada intrépida e implacable era necesaria”.

Desde 1905 hasta la victoriosa revolución socialista de octubre de 1917 se hizo clara la diferencia en la calidad, el abismo entre la estrategia de la corriente revolucionaria y el oportunismo de los mencheviques y de los eseristas que fomentaron el fatalismo y difundieron ilusiones parlamentarias, apoyaron el gobierno burgués provisional que se formó en 1917, atraparon los Soviets durante un período crucial e intentaron neutralizarlos.

Los mencheviques y los eseristas trataron de impedir la revolución de Octubre y llevarla a la derrota, lucharon contra el nuevo poder obrero y socavaron de manera planificada la construcción socialista y estas fuerzas oportunistas en los años siguientes corroyeron el PCUS y jugaron un papel primordial en la contrarrevolución y en la restauración del capitalismo en la Unión Soviética.

Hoy día, cuando las consecuencias de la contrarrevolución atacan a la clase obrera en todo el mundo de manera dura y se ha demostrado en la práctica de que el capitalismo da lugar a guerras imperialistas, a crisis económicas, al desempleo, a la pobreza y a los refugiados, fuerzas oportunistas hablan descaradamente para la revolución de Octubre y, en todo caso, tratan de socavar, de eliminar el carácter socialista de la revolución de Octubre y su enorme contribución histórica.

De hecho, las fuerzas oportunistas llevaron a cabo una campaña antisoviética anticomunista organizada durante todo el curso de la construcción socialista, bajo el manto del eurocomunismo o de sus variantes en muchos países.

Las y los comunistas deben recordarlo y aprender de ello.

El oportunismo cambia de nombre y de formas de organización y de expresión, pero en cada momento sigue siendo un gran peligro para el movimiento comunista, un factor de corrosión y de asimilación en el sistema de explotación capitalista.

Camaradas:

La llama de la Revolución de Octubre condujo y aceleró la creación de varios Partidos Comunistas, de partidos obreros revolucionarios de nuevo tipo, en contraste con los partidos socialdemócratas de aquella época que habían traicionado a la clase obrera y la política revolucionaria.

Durante décadas, la existencia y los logros de la sociedad socialista, que fue inaugurada por la Revolución de Octubre, demostraron que es posible una sociedad sin patrones, sin capitalistas que poseen los medios de producción. Esta conclusión no se puede refutar por el hecho de que en aquel período particular no logró derrotar definitivamente la propiedad capitalista y la ganancia capitalista.

La necesidad y la vigencia del socialismo, la posibilidad de abolir la propiedad privada en los medios concentrados de producción derivan del desarrollo capitalista que conduce a la concentración de la producción. La propiedad capitalista es un freno para el carácter social de la producción. La propiedad capitalista cancela la posibilidad de que todos los trabajadores vivan en mejores condiciones organizadas a nivel social que satisfagan las necesidades crecientes humanas: Que todos tengan trabajo sin la pesadilla del desempleo, que trabajen menos horas disfrutando una calidad de vida mejor y servicios de educación, de sanidad y de bienestar de alto nivel, exclusivamente públicos y gratuitos. 

En el capitalismo, la clase obrera crea estas oportunidades con su trabajo que se amplían con el desarrollo de las ciencias y de la tecnología. Sin embargo, en una sociedad donde todo lo que se produce y el modo de producción se determinan sobre la base de la ganancia privada, capitalista, las necesidades de la clase obrera y de las capas populares están suprimidas. La esencia del problema radica en el hecho de que unos producen mientras que otros deciden los objetivos y la organización de la producción. Las crisis económicas cíclicas están en el DNA del capitalismo y se hacen más profundas y sincronizadas; consecuentemente se aumenta bruscamente el desempleo, se expande de nuevo el trabajo mal pagado y sin seguridad social, la vida con derechos aplastados, con guerras imperialistas para el reparto de los mercados y de los territorios.

A pesar del aumento de la productividad del trabajo las condiciones de trabajo y de vida se deterioran en todo el mundo capitalista, incluso en los Estados capitalistas más desarrollados. Los propios Estados capitalistas, sus centros de investigaciones, afirman que se reducen los ingresos de los trabajadores, mientras que se aumentan las ganancias de los capitalistas.

 El hecho de que se han creado las condiciones previas para la construcción de la sociedad socialista-comunista no significa que esto sucederá automáticamente. Una razón importante es el hecho de que, a diferencia de las leyes de la naturaleza, el desarrollo social requiere la actividad humana, en este caso la lucha de clases para la abolición de la vieja sociedad y la construcción de la nueva sociedad.

El estallido de la revolución socialista (así como de todas las revoluciones sociales en la Historia de la humanidad) implica una situación en la cual se debilita la capacidad de la clase dominante de asimilar, suprimir y aplacar al pueblo.

Lenin formuló el concepto de la situación revolucionaria e  identificó las características principales objetivas y subjetivas de la sociedad en la víspera de la revolución. Sin embargo, como señaló Lenin acertadamente, no toda situación revolucionaria desemboca en una revolución. Ni la reacción de los de "abajo" ni la crisis en los de "arriba" provocarán un derrocamiento, a menos que exista un levantamiento revolucionario planificado de la clase obrera, dirigido por su vanguardia consciente.

Dicho de otro modo, para que se estalle la revolución obrera  se requiere la presencia de la vanguardia política revolucionaria, del Partido Comunista, armado con elaboraciones teóricas y con la predicción de los acontecimientos basada en la cosmovisión marxista-leninista, capaz de dirigir el levantamiento revolucionario de la clase obrera.

Desgraciadamente, la experiencia positiva de la Revolución de Octubre no fue asimilada y no prevaleció a lo largo de toda la existencia de la Internacional Comunista. En cambio, a través de un curso contradictorio, prevaleció en gran medida el concepto estratégico que, en general, planteaba como objetivo un poder o un gobierno de tipo intermedio entre el poder burgués y obrero, como poder transitorio hacia el poder socialista.

Hoy día podemos ver mejor que el esfuerzo complejo de la política de asuntos exteriores de la URSS para retrasar lo más posible el ataque imperialista y utilizar las contradicciones entre los centros imperialistas en esta dirección, está relacionada con importantes alteraciones y cambios en la línea de la Internacional Comunista que desempeñaron un papel negativo en el curso del movimiento comunista internacional en las décadas siguientes. Las alteraciones tenían que ver con la confrontación de la corriente fascista, la actitud respecto a la socialdemocracia, así como a la propia democracia burguesa. Surgió entonces la distinción política de las alianzas imperialistas de aquel período en agresivas, en las que se clasificaban las fuerzas fascistas y en las alianzas defensivas en las que se clasificaban las fuerzas democrático-burguesas.

En particular, la evaluación respecto a la existencia de un ala izquierda y un ala derecha en los partidos socialdemócratas en la década de 1930, de la que surgía la alianza con estas fuerzas, estaba equivocada, lo cual menospreciaba su transformación completa en partidos de la burguesía. Esta distinción equivocada fue mantenida incluso después de la II Guerra Mundial.

Estos cambios, objetivamente, atrapaban la lucha del movimiento obrero bajo la bandera de la democracia burguesa. Respectivamente, la distinción de los centros imperialistas entre los a favor de la paz y los a favor de la guerra, escondía el verdadero culpable por la guerra imperialista y el ascenso del fascismo, el capitalismo monopolista. Es decir, no señalaba la tarea estratégica imperativa de los Partidos Comunistas de combinar la concentración de fuerzas por la lucha por la liberación nacional o por la lucha antifascista, con la lucha por el derrocamiento del poder burgués, utilizando las condiciones de la situación revolucionaria, que se habían formado en varios países.

En general, la Internacional Comunista en sus elaboraciones estratégicas subestimó el carácter de la época y predominó la definición del carácter de la revolución teniendo como criterio la posición de un país capitalista en el sistema imperialista internacional. Es decir, se adoptaron erróneamente como criterios para la definición del carácter de la revolución el nivel mínimo de desarrollo de las fuerzas productivas de un país, en relación con el nivel superior alcanzado por las potencias líderes en el sistema imperialista internacional, así como la correlación de fuerzas negativa a expensas del movimiento obrero revolucionario.

Sin embargo, el desarrollo desigual de las economías capitalistas y las relaciones desiguales entre los Estados no se pueden abolir en el marco del capitalismo. En última instancia, el carácter de la revolución en los países capitalistas se determina objetivamente por la contradicción básica que debe resolver, independientemente de los cambios relativos en la posición de cada país en el sistema imperialista. El carácter socialista y las tareas de la revolución surgen de la agudización de la contradicción básica entre el capital y el trabajo en los países capitalistas en la época del capitalismo monopolista.

En varias elaboraciones de Partidos Comunistas, el enfoque del objetivo del poder obrero se basaba en el criterio de la correlación de fuerzas y no en la definición objetiva de la época histórica en que vivimos en base a la clase cuyo movimiento está en la vanguardia del desarrollo de los acontecimientos sociales, es decir de la actividad por la liberación social.

Sin embargo, estos errores en la estrategia del movimiento comunista internacional así como los errores cometidos por el PCUS en la elaboración de su política interna, junto con la esperada labor del imperialismo y de la contrarrevolución para socavarlo, afectaron los acontecimientos a continuación.

La Revolución de Octubre puso de manifiesto una organización superior de la sociedad, que fue radicalmente diferente de todos los sistemas que precedieron históricamente y cuyo rasgo común era la explotación del hombre por el hombre.

En aquel período se desarrollaron las nuevas instituciones de participación obrera, cuyo núcleo inicialmente era el centro de trabajo, una relación política que fue posteriormente violada, retrocediendo ante las dificultades objetivas existentes así como ante presiones subjetivas. Bajo la presión de preparación para la contribución activa de todo el pueblo ante la guerra inminente, la Constitución Soviética de 1936 generalizó el derecho a voto mediante una votación secreta universal en base al lugar de residencia. Las asambleas de delegados en cada unidad de producción como núcleos de organización del poder obrero fueron degradadas. En la práctica, se aumentó la dificultad de revocación de delegados de los órganos estatales superiores.

Se interpretaron como debilidades inevitables de la planificación central y no como resultado de las contradicciones de la supervivencia de lo antiguo, como resultado de los errores de un plan que no había sido científicamente elaborado. Así que en vez de buscar una solución a la expansión y el fortalecimiento de las relaciones comunistas de producción y de distribución, se buscó mirando hacia el pasado a la utilización de herramientas y de relaciones de producción del capitalismo. La solución se buscó en la expansión del mercado, en el "socialismo de mercado".

Como punto de viraje se destaca el 20o Congreso del PCUS (1956), porque entonces, utilizando como vehículo el llamado "culto a la personalidad", se adoptó una serie de posiciones oportunistas sobre cuestiones de la estrategia del movimiento comunista, de las relaciones internacionales, y, en parte, de la economía. En general, se debilitó la administración central de la planificación. En vez de planificar la transformación de los koljoses en sovjoses y sobre todo de iniciar el paso de toda la producción cooperativa-koljosiana bajo control estatal, en 1958 los tractores y otras máquinas pasaron a ser propiedad de los koljoses, una posición que había sido rechazada en el pasado.

Pocos años más tarde, a partir de la llamada “reforma Kosyguin” (1965), se adoptó la categoría burguesa del “beneficio empresarial” de cada unidad de producción individual y la vinculación de este con los sueldos de los administradores y de los trabajadores. La evaluación de la productividad de las unidades de producción socialistas teniendo como criterio el volumen de la producción fue sustituida por la evaluación del valor de su producto. El proceso de acumulación de cada unidad socialista fue desconectado de la planificación central lo cual tuvo como consecuencia el debilitamiento del carácter social de los medios de producción y de la reserva de productos. Al mismo tiempo, hasta el 1975, todas las granjas estatales, los sovjoses, habían pasado al régimen de auto-gestión completa. Todas estas medidas llevaron a la creación de las condiciones previas para la apropiación y propiedad privada, unas relaciones que estaban prohibidas por la ley.

 Aproximadamente en el mismo período fue revisada además la percepción marxista-leninista sobre el Estado obrero. El 22o Congreso del PCUS (1961) describió el Estado de la URSS como Estado “de todo el pueblo” y el PCUS como un “partido de todo el pueblo”. Estas posiciones condujeron a un rápido debilitamiento y, a continuación, a la mutación de las características revolucionarias y de la composición social del Partido. La degeneración oportunista del PCUS se transformó en una fuerza abiertamente contrarrevolucionaria que se manifestó en 1987, mediante la aprobación de la ley que consolidaba institucionalmente las relaciones capitalistas bajo el pretexto de la variedad de relaciones de propiedad, de la notoria política de "perestroika" y de "glasnost". Este evento señala el comienzo formal del período de la contrarrevolución.

Estimados camaradas:

El KKE pretende sacar conclusiones necesarias para el presente tanto de las victorias como de las derrotas amargas y la retirada del movimiento comunista. A través de un gran esfuerzo colectivo duro el KKE ha desarrollado una estrategia revolucionaria contemporánea que mejora su capacidad de organizar focos de resistencia y de contraataque avanzados en cada sector de la economía, en cada región del país.

El fortalecimiento del KKE en todos los niveles, un tema que fue discutido en el reciente 20o Congreso del Partido, es una condición previa para la promoción de su política revolucionaria.

Al mismo tiempo, el KKE lucha por el reagrupamiento del movimiento comunista internacional, de acuerdo con los principios del internacionalismo proletario y la solidaridad internacionalista de los pueblos contra el capitalismo y la guerra imperialista que se expresan a través de la consigna "Proletarios de todos los países, uníos". Ya se han dado algunos pasos pequeños en el esfuerzo de crear un polo distintivo en base a los principios del marxismo-leninismo, a través de la "Revista Comunista Internacional" y la Iniciativa Comunista Europea.

Un componente de la estrategia contemporánea del KKE es su percepción programática del socialismo. La construcción socialista empieza con la conquista revolucionaria del poder por la clase obrera. El Estado obrero, la dictadura del proletariado, es el instrumento de la clase obrera en la lucha de clases que continúa en el socialismo con otras formas y medios. Se utiliza para el desarrollo planificado de las nuevas relaciones sociales, lo cual tiene como condición previa la frustración de los intentos contrarrevolucionarios, así como el desarrollo de la conciencia comunista de la clase obrera. El Estado obrero, como mecanismo de dominación política, es necesario hasta que todas las relaciones sociales se conviertan en comunistas, hasta que se desarrolle la conciencia comunista en la inmensa mayoría de los trabajadores, así como hasta que se consiga la victoria de la revolución, al menos en los países capitalistas más poderosos.

Estimados camaradas:

Hace 100 años, en esta ciudad, el VI Congreso del partido bolchevique tomó la decisión que significó un hito, que trazó la línea de la insurrección armada. La implementación de la decisión condujo dentro de pocos meses a que sonaron los cañones de “Aurora”. Hoy, 100 años después, los comunistas en todo el mundo están llamados a profundizar en esta trayectoria histórica, a sacar conclusiones valiosas, a trazar la estrategia revolucionaria contemporánea en sus países y a nivel internacional.  

Esta es la respuesta necesaria para la confrontación del trabajo corrosivo del oportunismo, para la superación del repliegue ideológico, político y organizativo del movimiento comunista, su reagrupamiento revolucionario.   

El ajuste de la estrategia de los partidos comunistas para corresponder con el carácter de nuestra época, la época de transición del capitalismo monopolista-imperialismo, al socialismo, que fue inaugurado por la Revolución Socialista de Octubre y, consiguientemente, la superación de las etapas de transición que existían en los programas de los partidos comunistas y la definición del carácter de la revolución como socialista, es objetivamente necesaria y exigible.

Esta dirección puede contribuir significativamente a la liberación de opciones políticas que operan en el marco de la gestión del capitalismo, como son los llamados “gobiernos de izquierda” y la alianza con la socialdemocracia, dar un impulso a la lucha antimonopolista-anticapitalista, a elaboraciones que se basan en las exigencias de la lucha de clases y pueden contribuir significativamente en la preparación del factor subjetivo, en la concentración de fuerzas obreras y populares en la lucha por el derrocamiento del capitalismo y la construcción del socialismo-comunismo.